Quinquela Martín y el limosnero espiritista

quinquela16Querida Abril
En esta carta quiero contarte una anécdota que leí en otro día en la biografía del pintor Quinquela Martin. Estas anécdotas de barrio muchas, muy divertidas entre serenatas, punguistas y carboneros, son la que hacen de su arte una creación tan sincera que nadie podría pintar “Mi barrio de la Boca” mejor que el.
“Además de Filiberto llegaban a mi estudio de la carbonería otros amigos y algunos limosneros. Venían a pedir asilo para dormir. Uno de aquellos limosneros que resulto espiritista, descubrió que en nuestra casa había fantasmas.Había pasado la noche en un rincón del estudio y a la mañana siguiente me interpeló así:
Anoche he visto un fantasma.
¿Donde? Inquirí yo.
En el estudio. Salían de aquel armario.
¿Y cómo eran?
No se como eran, porque yo no pude verlos bien; pero los oí. Metían mucho ruido en el armario. Aquí debe haber huesos humanos. Los huesos de los muertos atraen a los espíritus. Yo se porque soy espiritista y los he usado en mis invocaciones. A veces los espíritus vuelven solos hacia los huesos, sin necesidad de que se los invoque.
El limosnero espiritista se dirigió hacia el armario y lo abrió con tal violencia que se vino encima un esqueleto. Por poco que se muere del susto. Era un esqueleto autentico que me había traído al estudio Montero y Stagnaro para estudiar anatomía ósea.
¿Por qué no me dijo que tenía esto aquí? Exclamo el viejo limosnero cuando se repuso del susto. Ahora me explico los ruidos de los fantasmas que sentí toda la noche.
Luego se entrego a la tarea de ahuyentar a los espíritus. Llevo los huesos al cuarto del baño y allí los sometió a una serie de raros exorcismos. Se fue del estudio santiguándose y por las dudas no apareció más por el.
También solía venir al estudio un viejo español, que era modelo de la Academia. A pesar de su origen hispano se llamaba Venezia, no se bien si de apodo o apellido. También a el le castigaban los espíritu de noche. Un día metió los huesos en una bolsa y los llevó al cementerio. Santo remedio. Desde entonces se acabaron los fantasmas y los misteriosos ruidos nocturnos.

Espero que te haya divertido esta anécdota que seguro otros pintores sufrieron pero no se cruzaron con un espiritista para que le resolviera el problema.

Pd: y se me vienen a la cabeza todos los estudios óseos que hacia Leonardo Da Vinci. ¡¡¡¡ Lo difícil que debe haber sido dormir en esa casa¡¡¡¡

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